Siempre pasa.
Te despiertas demsiado temprano para empezar tus tareas. Has descansado lo suficiente, pero ese diablito de flojera se aparece a un lado tuyo y te dice que sigas acostado. El angelito se aparece en tu otro hombro y te dice lo mismo. Solo diez minutitos.
Cuando abres los ojos te das cuenta de que el pestañazo duró dos horas, es tarde para desayunar, es tarde para tomar café, hasta para pasar a la tienda ¡Es tarde carajo!
jejeje… suele sucedernos!